En mis caminatas por el Conurbano suelo cumplir con un rito: semblantear a quienes me rodean y tratar de descubrir si alguno resulta sospechoso. La aprensión crece cuando es un adolescente, que se mueve con manos en los bolsillos, mira hacia abajo, luce gorrita y zapatillas. Reconozco que mi señalamiento es injusto, que no todos los que responden a ese “target” se especializan en delitos. Pero la crónica periodística suele describirlos así. Y siempre es oportuno mirar hacia atrás al entrar a casa, y dejar para otro momento el diálogo con algún vecino.
Las alarmas lejos están de garantizar protecciones infalibles. No obstante la exhibición de carteles alusivos disuade o invita, “a los amigos de lo ajeno”, a optar por otros domicilios. Mientras tanto, la memoria me remonta a los 60, a la casa de una de mis abuelas, en Quilmes, que jamás cerraba la puerta de calle con llave. Era habitual observar cómo los proveedores (lecheros y soderos) ingresaban sin tocar timbre hasta el fondo de la vivienda. Lo que no cambiaba era la libertad con que se movían y la confianza de la anciana en ellos. Pero no logro acertar qué precipitó tanta inseguridad. ¿Por qué esas bicicletas que a veces quedaban a la noche olvidadas, en el porche de la casa, a la mañana siguiente se encontraban sin que nadie hubiese osado llevárselas?
Alejandro De Muro / [email protected]
“¿Hasta cuándo se aguanta al sindicalismo salvaje?”
Los argentinos todos estamos hartos de sindicatos salvajes e impunes, donde se creen dueños de la vida de los usuarios. El paro de en los subterráneos no se debe tolerar más, la Justicia debe ser dura con éstas prácticas. Los sindicatos del transporte no pueden realizar paros extemporáneos donde hay un sólo perjudicado, el usuario, y no se debe tolerar ningún argumento.
Realizar un paro salvaje es como poner una bomba, no interesa si hay víctimas y en cuanto se las perjudica. Los paros en medios públicos deben ser avisados y autorizados con 5 días de anticipación, para que el usuario y la empresa se organicen.
Basta de sindicalistas más mafiosos.
Darío Díaz / [email protected]
En política pide “debatir sin agraviar”
Cada día se hace más difícil encontrar un intercambio político en el que se discutan ideas en lugar de personas. Los insultos y las descalificaciones, vengan de donde vengan, empobrecen el debate y no resuelven ninguno de los problemas que los argentinos tenemos por delante.
Quienes ocupan cargos públicos tienen una responsabilidad mayor: su forma de hablar marca el tono de la conversación social. Se puede discrepar con firmeza sin recurrir a la agresión, y se puede gobernar o hacer oposición con argumentos.
Ojalá recuperemos la costumbre de escuchar al que piensa distinto. Una sociedad que no sabe dialogar difícilmente pueda ponerse de acuerdo en algo.
Francisco Sciaky / [email protected]
“Confusión por un cordón que suma multas evitables”
En la calle Libertad, entre Juncal y Alvear, las grúas retiran vehículos estacionados sobre la mano izquierda. Sin embargo, la prohibición se indica mediante un cartel al comienzo del tramo y el cordón está pintado de amarillo sólo por sectores. Esto puede inducir a confusión a quienes interpretan que los espacios sin demarcar son para estacionar. Si la prohibición comprende todo el tramo, sería razonable señalizarlo continuo. Además de evitar infracciones, esto reduciría las molestias que generan los acarreos en una zona con varios colegios y una intensa circulación de familias.
Solicité al Gobierno de la Ciudad que complete la demarcación del cordón, pero no recibí respuesta y los acarreos continúan. No resulta aceptable que la grúa siga llegando antes que la pintura.
Juan M. Sanclemente / [email protected]
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