La licenciada en Ciencias Ambientales de la Universidad de Buenos Aires analizó los efectos del cambio climático, el fenómeno de El Niño, las inundaciones y los desafíos que enfrenta Misiones para proteger su biodiversidad sin resignar el desarrollo productivo. También advirtió sobre la importancia de preparar a la población ante los fenómenos extremos y destacó el papel de la sociedad en la construcción de un futuro sustentable.
En una nueva entrega de Ambiente Social y Sustentabilidad, conducido por Sonia Weisheim en las plataformas de C6Digital, la licenciada en Ciencias Ambientales Magalí Ovejero, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), brindó un amplio análisis sobre los fenómenos climáticos que afectan a la región, la conservación de los suelos y la necesidad de compatibilizar la producción económica con el cuidado ambiental.
Durante la entrevista, de la que también participó el periodista Jorge Kurrle, la especialista explicó que el calentamiento global no constituye un fenómeno inédito en la historia del planeta, pero sí presenta características que lo diferencian de otros procesos naturales.
“Lo diferente de este calentamiento global a otros períodos es la existencia del hombre, la velocidad con la cual se está dando este cambio y el motor”, sostuvo, al señalar que las actividades humanas son determinantes en el proceso actual.
El Niño, las lluvias intensas y el riesgo de inundaciones
Uno de los principales temas abordados fue el comportamiento del fenómeno de El Niño y sus consecuencias sobre el régimen de precipitaciones.
Ovejero explicó que se trata de una oscilación natural que modifica las condiciones meteorológicas de distintas regiones del continente. Mientras en algunas zonas provoca lluvias abundantes, en otras puede generar sequías.
En ese contexto, señaló que la intensidad de las precipitaciones y las características geográficas de cada territorio determinan la magnitud de sus consecuencias.
Frente al aumento de los niveles de los ríos y la apertura de compuertas de distintas represas, la especialista llamó a evitar las reacciones alarmistas y priorizar la prevención.
- “No hay que preocuparse, sino hay que ocuparse”, expresó, al remarcar la importancia de anticipar escenarios, organizar medidas preventivas y planificar el uso del territorio.

Los suelos funcionan como una esponja
Consultada por Weisheim sobre la saturación de los suelos y su influencia en las inundaciones, Ovejero utilizó una comparación sencilla para explicar cómo se comporta el terreno frente a lluvias extraordinarias.
Indicó que los suelos con cobertura vegetal y diversidad de raíces presentan mejores condiciones para absorber e infiltrar el agua. Sin embargo, cuando las precipitaciones superan su capacidad de almacenamiento, el excedente comienza a escurrir superficialmente.
También explicó que la deforestación, el monocultivo y las modificaciones en el uso del suelo pueden agravar estos procesos, aunque aclaró que los fenómenos de precipitaciones extremas requieren un análisis integral.
En relación con las poblaciones ubicadas a orillas de los grandes ríos, advirtió sobre los riesgos de ocupar los llamados valles de inundación.
Estas áreas cumplen una función natural de amortiguamiento cuando aumenta el caudal de los cursos de agua. Por eso, consideró indispensable que las políticas de ordenamiento territorial contemplen sus características.
Producir y conservar: dos objetivos que deben convivir
La especialista también planteó la necesidad de superar la confrontación entre el desarrollo agropecuario y la preservación ambiental.
“No se trata de una dicotomía entre producir y conservar”, afirmó.
Según explicó, una economía productiva que no contempla la salud de los ecosistemas termina comprometiendo sus posibilidades de crecimiento futuro.
En este sentido, destacó las buenas prácticas agrícolas, la agricultura de precisión, la conservación de la cobertura vegetal y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales.
También reconoció que los desafíos no son iguales para los grandes establecimientos agropecuarios que para los pequeños productores, quienes muchas veces enfrentan mayores dificultades para acceder al conocimiento técnico y a las herramientas necesarias.
Ovejero insistió en que mantener los suelos cubiertos, conservar la biodiversidad y evitar intervenciones que incrementen la erosión son decisiones fundamentales para sostener la productividad.
En el caso de Misiones, resaltó especialmente su riqueza biológica y la importancia de preservar los corredores naturales.
Cambio climático, salud y prevención del dengue
Otro aspecto destacado fue la relación entre los fenómenos meteorológicos extremos y los riesgos sanitarios.
La investigadora explicó que los períodos de lluvias abundantes y temperaturas elevadas pueden favorecer condiciones para la proliferación de vectores transmisores de enfermedades como el dengue.
Por eso, consideró necesario que las estrategias de prevención no se limiten a las inundaciones o a la actividad agropecuaria, sino que también incluyan políticas sanitarias y medidas de protección comunitaria.
Asimismo, recordó que los ciclos de El Niño pueden alternarse con períodos de La Niña, asociados en determinadas regiones con condiciones de sequía, por lo que las políticas productivas deben prepararse para ambos extremos.
La ciencia y la recuperación de suelos contaminados
Durante la conversación, Ovejero también se refirió a su trabajo en fitorremediación, una técnica que utiliza plantas para contribuir a la recuperación de ambientes contaminados.
Explicó que las estrategias de remediación dependen del contaminante, las características del suelo y la magnitud del problema.
En algunos casos pueden requerirse intervenciones físicas o químicas, mientras que en otros es posible recurrir a plantas o microorganismos para colaborar en los procesos de recuperación.
La especialista sostuvo que no existen soluciones universales y que cada situación ambiental necesita un diagnóstico específico.

“No hacer nada no es una opción”
Hacia el cierre de la entrevista, Jorge Kurrle planteó la discusión sobre la viabilidad de sostener políticas de protección ambiental frente a modelos políticos y económicos que relativizan el cambio climático.
Ovejero reconoció que el debate suele quedar atrapado entre posiciones extremas, pero defendió la importancia del conocimiento científico, la participación ciudadana y la construcción de consensos.
“No hacer nada no es una opción”, afirmó.
La investigadora manifestó su confianza en la capacidad de la sociedad para impulsar transformaciones y destacó que las decisiones ambientales no dependen exclusivamente de los gobiernos.
“Apelo a la inteligencia colectiva”, expresó, al considerar que la educación, la ciencia, la democracia y los negocios sustentables pueden contribuir a superar los desafíos actuales.
Finalmente, reivindicó el potencial científico y ambiental de la Argentina y sostuvo que el país cuenta con recursos humanos y naturales suficientes para avanzar hacia modelos de desarrollo más equilibrados.
La entrevista dejó una reflexión central: proteger el ambiente no significa detener la producción, sino garantizar que las actividades económicas puedan sostenerse en el tiempo sin destruir los recursos de los que dependen.





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