El grito retumbó en las entrañas de la Bombonera con una fuerza antológica, desgarrando el aire y abrazando al hombre del palco. “¡Riqueeelme, Riqueeelme!”. No era la masa ovacionando al enganche de los pases imposibles ni al diez que bailaba sobre la línea de cal. Era el templo de Brandsen 805 rindiéndole culto al dirigente, al mito viviente que acaba de firmar su obra maestra institucional: Boca es campeón y Juan Román Riquelme ya tiene su primer título oficial en el sillón presidencial.
La coronación lleva impregnada su huella digital de principio a fin. El triunfo ante la adversidad tuvo un héroe insospechado para la tribuna general, pero absolutamente proyectado en el radar del presidente: Valencia anotó el gol decisivo, validando esa corazonada de mercado que Román defendió con vehemencia cuando las dudas arreciaban. Del mismo modo, el armado táctico y la serenidad desde el banco de suplentes de Rodolfo Arruabarrena ratificaron el acierto de su elección técnica. Román apostó pleno a su intuición futbolera, y el fútbol, como en sus mejores épocas de botines atados, volvió a darle la razón.
Juan Román Riquelme, feliz en el palco. (Imagen de TV)
El camino directivo de Riquelme ya venía acumulando trofeos, aunque desde un rol secundario en el organigrama. Durante su etapa como vicepresidente e ideólogo del Consejo de Fútbol entre 2019 y 2023, la vitrina azul y oro sumó seis estrellas locales: la Superliga 2019/20, la Copa Diego Maradona 2020, la Copa Argentina 2021, la Copa de la Liga 2022, la Liga Profesional 2022 y la Supercopa Argentina 2022. Sin embargo, este nuevo festejo porta una chapa distinta. Es la consagración con su firma en el membrete principal.
El idilio, por supuesto, no nació en los escritorios. Se cimentó en el pasto, donde conquisto 11 títulos inolvidables: tres Copas Libertadores (2000, 2001 y 2007), la Intercontinental ante el Real Madrid en el 2000, y cinco torneos locales, erigiéndose como el máximo ídolo de la historia del club.
Hoy, la metamorfosis es completa. El genio que pisaba la pelota entre tres rivales, precisaba un título para demostrar que también puede mover las piezas en los pasillos de la gestión. Riquelme unificó su condición de leyenda viviente con la de conductor exitoso, regalándole al hincha de Boca la confirmación de una máxima que cruza generaciones: en el patio de su casa, Román sigue siendo invencible. Y si él está feliz, todo Boca también lo está.
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