
Luis Marinoni dice que está “en paz” tras dirigir, días previos y por una vez más, al ballet oficial de la multitudinaria Fiesta Nacional del Chamamé. En la Semana de la Danza, el nombre de Marinoni suena como referente detrás de cada detallada coreografía de estirpe litoraleña.
“La danza es muy poderosa en la escena”, reflexiona. Dice que no le gusta que le digan “Maestro”, aunque “me estoy acostumbrando un poco”, admite sonriendo para En Escena Verás.
Mensú de Oro en 2015 en el Festival Nacional del Litoral, Marinoni remarca que crear obras “es como parir un hijo”, define y confiesa que “en mi peores momentos saqué las mejores obras”.
A pesar de quedar seleccionado entre 600 personas para integrar el Ballet Folklórico Nacional al mando de la renombrada Norma Viola, Marinoni concluye que “nunca me consideré un buen bailarín” y recuerda que se fue de Posadas con la idea de volver y crear el grupo de danzas que aún no existía.
“Me fui a buscar afuera cosas que no había acá”, aseguró quien luego creó la Compañía de Arte que, como todas sus obras, se lucen con vestuarios coloridos y cuadros alegóricos al folklore regional.
La mitología guaraní, Ramón Ayala, la historia y la tradición del Litoral aparecen en sus coreografías que suelen desplegarse además en el Ballet Folklórico del Parque del Conocimiento, adonde ya está usando la Inteligencia Artificial para las estructuras técnicas, según indicó.
Sin embargo, aclara que, a pesar de la tecnología dominante, incluso en la cultura, siempre “habrá una necesidad de volver a simple”.
Por otra parte, Marinoni admite que el arte suele ser provocador, así como las manifestaciones populares de las niñas representando a las Vírgenes, como también los tamborileros afroamericanos que se mezclan con las costumbres tradicionales correntinas durante enero. “A veces no entendemos la cultura del Litoral”, define.
En esa línea, en 2014, Marinoni incluyó al Curupí, el personaje de la mitología guaraní que tiene un pene largo y envuelto en su cuerpo, un hecho que significó una gran polémica en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, de Corrientes, donde se hacía e festival chamamecero.
“Las políticas culturales son muy importantes”, apunta el coreógrafo posadeño al considerar que siempre fue el Estado el que garantizó las seguridad laboral a los bailarines.
“Nunca vino una empresa a decirme: Luis, vamos a poner una compañía para llevarlos afuera. Siempre el Estado estuvo para garantizar espacios para la excelencia artística”.




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