Era la madrugada cuando la abogada llamó a su hermana. “Me mandé una cagada. La policía está afuera”, dijo antes de cortar la comunicación. Eran las 3.40 del 7 de abril pasado. Poco después se iba a descubrir el horror en una casa de Don Torcuato, en Tigre.
La abogada, de 50 años y cuya identidad se mantiene en reserva, había matado a su madre, una mujer de 79 años. Después intentó asesinar a su hijo, de 14 años. El adolescente logró ponerse a salvo y llamar a un tío y también consiguió comunicarse con el número de emergencias 911.
En la llamada al 911, el chico dijo que estaba en su habitación y que se despertó de golpe en el momento en que su madre lo quería ahorcar y ponerle papeles en la boca. “No sé qué pasó con mi abuela”, llegó a decir el adolescente.
Su abuela estaba muerta. Personal de la policía bonaerense que llegó en un móvil del Centro de Operaciones Tigre (COT) la encontraron en la habitación con la cara tapada con una almohada. Tenía manchas de sangre en la cara, en la nuca y en las manos. La autopsia determinó que la causa de muerte fue por “asfixia mecánica por obstrucción de vía aérea”. Había sido ahogada con dos medias tipo soquetes.
“Las manchas de sangre indican que intentó defenderse durante el ataque”, dijo a LA NACION un detective del caso.
Cuarenta días después, la abogada está detenida con prisión preventiva imputada por homicidio agravado por el vínculo [el asesinato de su madre] y homicidio agravado por el vínculo en grado de tentativa [el ataque a su hijo].
La prisión preventiva fue dictada por el juez de Garantías del Departamento Judicial San Isidro Ricardo Costa tras un pedido del fiscal José Amallo, de la Unidad Funciuonal de Instrucción (UFI) de Don Torcuato y a cargo de la investigación.
La acusada es funcionaria judicial y se desempeña en la Cámara de Apelaciones en lo Penal Económico. Cuando ocurrió el crimen estaba con carpeta psiquiátrica después de haber sido encontrada en su auto en un descampado de Escobar con cortes en sus muñecas, según informaron a LA NACION fuentes con acceso al expediente.
La víctima vivía en Santa Clara del Mar, pero se había mudado por un tiempo a la casa de su hija en Don Torcuato para acompañarla después del episodio donde fue encontrada en un descampado de Escobar.
Cuando sufrió el ataque de su madre, el adolescente tenía 14 años. El sábado pasado cumplió los 15. Fue entrevistado por profesionales del Centro de Atención a la Víctima del Ministerio Público y del Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos de Niños, Niñas y de la Familia de Tigre. “No quiero hablar de lo que pasó. Tal vez más adelante”, explicó, palabras más, palabras menos en la entrevista.
La trágica madrugada hubo más de una comunicación al número de emergencias 911. No solo llamó el hijo de la acusada. También lo hizo una vecina al escuchar gritos y “ruidos de forcejos”. Esa mujer dijo recordar que una voz masculina pidió ayuda y también hablaba con alguien a la que le decía “tranquila, tranquila, ya vas a estar bien”.
El tío del chico, esposo de la hermana de la acusada, relató que tras la llamada donde su cuñada dijo que se había mandado una “cagada” fue con su hija a Don Torcuato. Su sobrino le relató que se despertó cuando su madre estaba sobre él intentando introducirle papeles en la boca. Hubo un forcejo y él entendió que su madre quería asfixiarlo, pero que pudo escapar, ponerse a salvo y pedir ayuda.
Durante la instrucción de la causa, declaró como testigo una compañera de trabajo de la imputada. Sostuvo que no sabía los motivos por el que le habían otorgada la licencia psiquiátrica, pero la definió como muy trabajadora, muy muy responsables y que nunca había tenido problemas. “Cero conflictiva”, dijo. También recordó que la última vez que la vio fue a principios de abril pasado, cuando la visitó en su casa y que le contó que le habían diagnosticado un trastorno de personalidad.
También volvió a declarar la hermana de la imputada. Recordó que cuando la madrugada del 7 de abril pasado recibió la llamada le pidió a su hermana que le pasara con su madre, pero fue en ese momento que la acusada interrumpió la comunicación. Al rato volvió a llamar y le espetó: “¿Vos no entendés que tu sobrino está en la vereda con la policía?“. Le volvió a pedir que le ponga al teléfono a su madre, pero nuevamente cortó la comunicación. Después todo fue desesperación.
El fiscal Amallo solicitó la realización de una serie de estudios psicológicos y psiquiátricos para determinar si la imputada, en el momento de matar a su madre y de atacar a su hijo, comprendía la criminalidad de sus actos.
Por el momento, la abogada cumple con la prisión preventiva en la cárcel de Melchor Romero, establecimiento del Servicio Penitenciario Bonaerense que tiene un hospital con atención psiquiátrica por si es necesario.





//





