El Paris Saint-Germain encontró una bocanada de aire cuando parecía asfixiado. Perdía 1-0 ante el Arsenal en la final de la Champions, corrían los minutos del tiempo suplementario y el sueño europeo comenzaba a escaparse. Hasta que apareció Ousmane Dembélé.
La jugada que cambió el partido nació de una irrupción de Khvicha Kvaratskhelia dentro del área. Cristhian Mosquera llegó tarde, lo derribó y el árbitro no dudó: penal para el PSG. En un escenario cargado de tensión, el encargado de tomar la pelota fue Dembélé. Sin titubeos, el francés ejecutó con precisión y decretó el 1-1 que devolvió a los parisinos a la pelea por la Orejona.
El festejo fue una descarga. Después de más de una hora de partido cuesta arriba y con el Arsenal controlando buena parte de la final, el conjunto francés encontraba la igualdad gracias a uno de sus hombres más determinantes. Pero la historia tendría un giro inesperado.
Apenas unos minutos después del gol, las alarmas comenzaron a sonar. Dembélé evidenció molestias físicas y su movilidad ya no era la misma. El extremo francés arrastraba una incomodidad muscular en la pantorrilla derecha desde la previa del encuentro, aunque igualmente fue titular en el compromiso más importante de la temporada.
ESPN.
La situación terminó de confirmarse en el 90’+6 del suplementario. Luis Enrique decidió reemplazarlo por Gonzalo Ramos y el atacante dejó el campo con evidentes signos de dolor.



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