Hace unos días hicimos una nota sobre un procedimiento del Ministerio de Ecología: animales autóctonos que estaban en una reserva privada fueron devueltos a su hábitat natural. La escena dejó una imagen poderosa. Muchos, temerosos, no querían salir. Algunos incluso intentaban volver a sus jaulas. Se habían acostumbrado a la mano del hombre, al alimento seguro, al cerco chico y a una rutina donde todo lo demás aparecía como incierto.
En mi humilde opinión, algo parecido ocurre hoy en Misiones.
Estamos frente a un proceso interesante, desafiante y decisivo para el futuro político de la provincia. Ya está en la voz de muchos que, al parecer, no hay vuelta atrás. Hacia adelante se abre una etapa de tensión, reacomodamientos internos y juego de poder desde adentro del propio poder.
¿Quién se fue?
¿Quién no fue invitado?
¿Quién recibió el llamado?
¿Quién quedó afuera de la foto?
¿Y vos, dónde te quedás?

Después de más de 20 años, Misiones parece ingresar en una discusión distinta, incluso impulsada desde el propio oficialismo.
Más allá de las invitaciones, de la llamada que nunca existió, de los gestos medidos y de los misiles que algunos supieron leer entre líneas, lo cierto es que un espacio nuevo generó otros espacios. Y cuando eso ocurre en política, el tablero deja de ser el mismo.
En términos futboleros —y el Mundial seguramente nos llenará de metáforas—, un jugador crea espacios para tomar ventaja. Se mueve, amaga, arrastra marcas y busca llegar mejor posicionado al arco. Sus rivales también buscan lo mismo: achicar, anticipar, cerrar caminos o forzar el error.
En Misiones se abrieron más espacios. Y por eso habrá que mirar con atención quién los ocupa mejor, quién llega con resto y quién termina quedando lejos de la jugada. Porque en política, como en el fútbol, llegar al gol no siempre significa ganar para siempre. A veces apenas alcanza para seguir en partido.
También hay que pensar otro dato: la gente está mucho más informada de lo que muchos dirigentes imaginan. Hoy persuadir resulta más atractivo que apretar. Convencer pesa más que ordenar. Porque el poder, aunque algunos lo olviden, sigue estando en la gente. Y cuando una sociedad empieza a convencerse de que un ciclo terminó, no tarda demasiado en encontrar su punto de salida.
Hoy ser líder ya no significa solamente haber tenido votos. Los liderazgos también envejecen, se desgastan y evolucionan. En otras palabras: el tiempo te saca más rápido de la cancha.

La hipersegmentación de la información también modificó el juego. Nos hizo más atentos, más desconfiados y, en muchos casos, más sabios. Y en los pueblos chicos, además, nos conocemos todos. Hay temas que ya fueron instalados y que, por respeto o conveniencia, quizás no se dicen en voz alta. Pero será difícil reponer sobre ellos un concepto diferente.
Por eso cualquier encuestador serio empieza mirando un dato clave: el diferencial negativo. Cuando ese número es muy alto, la campaña tiene mucho techo. Y hoy Misiones parece presentar justamente eso: un escenario de techos.
La pregunta entonces es inevitable: ¿cuál es la nueva propuesta?
A la luz de las últimas escenas oficialistas, donde la foto de unidad no termina de aparecer o aparece incompleta, se intuye que la cosa no está fácil. La sangre empieza a llegar al río y las definiciones llegarán, probablemente, en medio de un Mundial que también servirá de cortina, excusa y escenario.
Del otro lado, la oposición también ensaya sus propios movimientos. Esta vez intenta no quedar reducida a un rejunte, sino construir un espacio con volumen, sentido y pretensión de poder.
La tranquera se abrió. Algunos todavía miran desde adentro. Otros dudan. Otros ya salieron. Y unos cuantos, acostumbrados al cerco chico, todavía no saben si el campo abierto es libertad o amenaza.
Pero la política, como la vida, rara vez espera a los que se quedan paralizados frente a la puerta.
Por Jorge Kurrle
Dir. C6Digital
www.noticiasdel6.com





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