Una intro de cumbia santafesina sale de los parlantes del smartphone de Lautaro Martínez. El sol pega, sí, pero a la sombra se aguanta el calor. Kansas City despide a la Selección con un día excepcional en el día -2 que tiene su propio menú. Como si esta ciudad amable, amigable, servicial, quisiera hacerle un guiño a la Argentina. Que, como su próximo rival, eligió el Heartland de los Estados Unidos como refugio. Aunque sin el fervor que encantó a los habitantes del Midwest.
Las brasas están listas. La carne, también. Como el rito: el asado. Olor que llega al otro lado del Río Missouri. El asador, Diego Iacobelli, monitoreando todo, llevando las brasas en la pala con el cuidado de un experto. Antonia Farías, la cocinera que mejor conoce el paladar de la Selección, preparando todo lo periférico a las carnes que entran en calor.
Imágenes del asado de la Selección.
Imágenes del asado de la Selección.
No hay burlete que pueda con el olorcito a asado. El humito sabrosón se cuela a las entrañas del Origin Hotel y Giuliano Simeone y Flaco López son los primeros en asomarse. Pulgar arriba. Lautaro, frente a la parrilla, sonríe con el buzo en sus hombros: adentro, el aire acondicionado obliga a tenerlo a mano; afuera es casi un adorno. Lionel Scaloni se anima a testear. Prueba y sonríe: degustación aprobada. El sommelier hizo pulgar arriba.
Y entonces, Nico González y Alexis Mac Allister aceptan un bocado previo. Privilegios de la marca personal a la mesa de corte. Allí donde el cuchillo debe quedar bien clavado una vez que todo esté preparado para darle inicio al almuerzo: esta vez, por cuestiones de agenda, lo que habitualmente se daba de noche se pasó para el mediodía. Detalles.
Dibu cumple su costumbre. Agarra el cuchillo y el tenedor, corta una porción y adentro. Su reacción lo dice todo: un manjar importado de las pampas, con la sal justa, con el juguito incipiente, lo deja extasiado. El ritual es completo: Giuliano debe abrir la boca para que el marplatense le dé un pedacito a probar. Simeone mueve la mano, gesto de golazo. Y sí: lo es.
Imágenes del asado de la Selección.
La carne a punto justo, bien cortada. Bien preparada. Varias líneas de cuatro sobre las tablas para repartir en el interior del alojamiento que por última vez verá irse a la Selección Argentina, que ya dejará Kansas City definitivamente. Ese lugar en el mundo que lo albergó durante 43 días y que finalmente le dirá adiós. Posiblemente con una sensación de nostalgia profunda.
Porque KC hizo match con los argentinos: la gente suele saludar, agradecer por la pasión que no se equipara -según los propios locales- con el fervor que generan los Chiefs. Y eso que se trata de uno de los cuadros más populares de la NFL. Pero nada parece igualar a lo que generó la Selección.
Quedarán en el recuerdo los banderazos en Mill Creek Park, los paseos por el Plaza Área, la vigilia para cantarle el feliz cumpleaños a Lionel Messi el 24 de junio, los saludos a los micros cuando partían rumbo al entrenamiento en el Compass Minerals Center. Secuencias que, como el asado en el hotel, se mudarán a otro sitio. Primero a Atlanta. Luego, quién sabe. Es mejor relajarse, disfrutar del viaje…




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