Una victoria más le pedía su gente y Newman la consiguió con sufrimiento para ser bicampeón del Top 14 de la URBA. El Bordó, que acumulaba un invicto de 24 partidos y en esta seguidilla había sabido sobreponerse a diferentes momentos adversos, volvió a exhibir una personalidad admirable en la final frente a Hindú y retuvo el título que había ganado por primera vez el año pasado. En un encuentro frenético que estuvo marcado por las tarjetas amarillas a Martín Cancelliere en el primer tiempo y Gonzalo Gutiérrez Taboada en el complemento, se impuso ajustadamente y con una cuota importante de épica por 33-32.
Ninguno de los equipos quiso especular y así es que se vio una final muy atractiva en la Catedral, el histórico estadio del CASI que lució colmado. Incluso, en los alrededores del club sanisidrense, desde temprano, se comenzaron a encontrar los fanáticos de ambos bandos, expectantes por la definición. Rompió el cero “Scooby” Gutiérrez Taboada con el pie, aunque fue Hindú -más firme en el contacto- el que logró imponer lo suyo en el comienzo.
Los de azul y amarillo pasaron rápido al frente con un muy buen try que apoyó Nicolás Amaya luego de la escapada de Pascal Senillosa por la derecha, el lado corto que tan bien explotaron los dirigidos por Santiago “el Momio” Fernández durante el primer tiempo. Bautista Farise acertó la conversión y se levantaron los hinchas llegados desde Don Torcuato. Era el momento de Hindú, que debía aprovecharlo en un encuentro definido en los pequeños detalles.
Sin embargo, un “knock-on intencional”, tal como explicó el juez Pablo Deluca, le valió la amonestación al mayor de los hermanos Cancelliere y automáticamente le pasó el dominio a Newman. Y los de Benavídez lo aprovecharon enormemente. Pablo Cardinal apoyó a centímetros de los palos, rompiendo la resistencia de la aguerrida defensa rival, y apenas dos minutos después fue Santiago Marolda el que llegó al ingoal luego de una aplastante jugada de primera fase que se había iniciado con un line.
Newman se impuso en una vibrante definición. Foto: Pablo Elías/Clarín
¿Aparecería, entonces, la versión arrolladora de Newman? Nada de eso. En la última jugada del primer tiempo, sobre la bocina, el try de Sebastián Cancelliere y la conversión de Farise achicaron a tres puntos la ventaja del equipo que finalmente sería el campeón, aunque eso no quedó del todo claro hasta el último instante de juego.
Hindú recuperó el dominio en el comienzo de la segunda mitad, especialmente después del tackle alto de Gutiérrez Taboada que el árbitro sancionó con try-penal y amonestación para el 10. Fue un nuevo momento de quiebre en el encuentro, que obligó a Marolda a asumir el rol de pateador. Y el wing no falló en un disparo abajo de los palos.
“Me estuve quedando a patear en la semana y hablábamos con el entrenador sobre quién era el segundo pateador, un poco en broma porque era difícil que Gonza saliera con amarilla, pero justo pasó. Se dio y por suerte fue bastante fácil”, explicó quien previamente había reflejado la felicidad de todo Benavídez por el título.
El Elefante logró aprovechar la superioridad numérica, llegando al try a través de Martín Cancelliere tras una gran maniobra colectiva, de toda la cancha, que incluyó una combinación con su hermano. La ventaja llegó a ser de seis puntos, 32-26 para los de Don Torcuato, que inesperadamente terminarían sufriendo una épica remontada en los minutos finales.
Newman anotó cuatro tries frente a Hindú. Foto: Pablo Elías/Clarín
Gutiérrez Taboada ya estaba de regreso en la cancha, pero Marolda no soltó el máximo protagonismo y apoyó un try que sería convertido por el propio Scooby y que le dio a Newman la ventaja definitiva. E increíblemente, como si se tratara de una historia salida de un guion cinematográfico, minutos después Farise estrelló contra el palo izquierdo un penal que podía volver a poner en ventaja a Hindú. Lo lamentará durante años.
Finalmente, cuando el reloj ya marcaba 43 minutos del segundo tiempo, Senillosa no pudo escaparse por la raya derecha, lo sacaron afuera de la cancha y se desató una locura bordó en San Isidro.
“Parece que si no se sufre no vale. Fue un partidazo. Creo que fuimos mejores. Físicamente los pudimos someter y también supimos aguantar el partido durante algunos momentos. Ahí estuvo la clave. Estamos cosechando el esfuerzo de muchos años. Esto es un mimo al corazón. Estamos felices”, concluyó Alejandro Urtubey, el capitán del Newman bicampeón. Y se fue a seguir festejando.





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