Necesitaba esa revancha, Lucas Silva. O, al menos, una chance de demostrar realmente de lo que era capaz de hacer en Primera. Volante central, 19 abriles, el juvenil ya había entrado en la historia de River por haber sido el primer futbolista con ese apellido en jugar en el club. Aunque, en realidad, ese encuentro de bautismo le había dejado sabor a poco. A muy poco.
Silva apenas estuvo 12 segundos en campo en la noche del 3-1 a Aldosivi en el Monumental. Literalmente, el chico sólo alcanzó a dar 26 pasos antes de que Nicolás Ramírez pitara el final. Pero en Bragança Paulista tuvo la oportunidad de demostrar por qué Eduardo Coudet lo citó dos veces consecutivas. Y lo refrendó con una asistencia.
El debut de Lucas Silva en River (IG Lucas Silva).
Crédito de La Dulce, localidad próxima a Necochea en donde viven poco más de 2.100 habitantes, Silva entró en Brasil en el minuto 89 para relevar a un exhausto Aníbal Moreno. Todo, mientras Joaquín Freitas se recuperaba de un hombrazo de nocaut en la mandíbula y el equipo se acomodaba en zona de ataque para intentar llevarse algo más que un punto del Cicero De Souza Marques.
Dentro de esa organización táctica, el pibe quedó ubicado por la banda derecha. Y allí mismo le cayó la pelota cuando ya llevaba apenas cuatro minutos en campo. Cuando un centro de Marcos Acuña le llegó sobrado, la repentización de la joyita fue vital para ganar de visitante: el centrocampista controló bien y envió un pase aéreo -decir bochazo sería una falta de respeto- al corazón del área. Allí donde saltó más alto que todos Lucas Martínez Quarta para convertir el 1-0 y darle el triunfo a River a las afueras de San Pablo. Y también la punta de la zona luego de haber perdido transitoriamente el liderazgo por la victoria de Carabobo frente a Blooming.
El elogio de Chacho y su historia en River
ESPN.
«El otro día jugó unos segundos. ¿Hoy tiró el centro, no», valoró Coudet ese lanzamiento quirúrgico de Silva. Tiene sentido esa lectura de la jugada de ataque: de pibe, en Deportivo La Dulce, Lucas jugaba de delantero. Escurridizo, preciso, con hambre de gol. Sin embargo, en la Costa hizo una prueba y quedó.
El plan del club con Silva era jugar dos partidos por mes, porque no tenía edad para quedarse en la pensión y la familia tampoco podía trasladarse a Buenos Aires. Aunque con el correr de los meses, cuando la carrera tomaba forma, se mudó con mamá Noelia a la Ciudad de Buenos Aires e inició sus estudios en el Instituto River mientras, a la distancia, papá Nacho y Fabián hacían el aguante.
Dueño de un estilo simple, que mezcla la voracidad para marcar con la capacidad de lectura para distribuir y la soltura para atacar espacios, Silva fue uno de esos “chicos jóvenes” que Chacho periódicamente destaca y que tuvo su estreno internacional luego de dar varios pasos a toda velocidad: la mini pretemporada en Cardales, las dos convocatorias consecutivas en una posición en la que -por ejemplo- Kevin Castaño lleva tres partidos sin oportunidades siquiera de concentrar (Boca, Aldosivi y Bragantino). Ante el equipo del holding Red Bull, el pibe tuvo su primera oportunidad fronteras afuera. Y la aprovechó con todo.
Lucas Silva, el juvenil de River que debutó pero ni siquiera tocó la pelota.





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