De los Bosques de Palermo al Parque de las Estatuas en Oslo, Noruega. La Selección Argentina se entrenaba donde y como podía. ¿Se imaginan a la Scaloneta adaptándose al medioambiente? Eran otros tiempos, claro, pero en realidad pasaron apenas 40 años. Faltaban 38 días para el Mundial de México y el último entrenamiento del equipo de Carlos Bilardo fue en los Bosques de Palermo. El primero de la gira previa a llegar al país azteca fue en un parque. Claro que todavía faltaba la presencia del imán, Diego Armando Maradona, que todo lo convocaba. No lo eran aún, pero esos muchachos fueron campeones del mundo.
En realidad, la Selección se entrenaba en Ezeiza. No en el actual predio Maradona, sino bastante cerca, en las instalaciones de Empleados de Comercio. Pero el miércoles 23 de abril llovió mucho y entonces el Narigón cambió de planes: “Esta tarde pensábamos hacer por lo menos noventa minutos de fútbol en Ezeiza, pero la lluvia nos arruinó todo. Por eso vinimos a River; aquí nos cambiamos y salimos a correr por Palermo. Con esto damos por cumplido el trabajo, ya que deseo que mañana los jugadores tengan tiempo para despedirse de sus familiares”.
Retro Mundial: la cuenta regresiva
Leé acá todas las notas de la serie «60 relatos (des)conocidos de la Selección Argentina», pequeñas grandes historias que vivió el equipo nacional en la recta final de otras grandes citas.
Así fue el último entrenamiento antes de partir de Argentina para traer de nuevo la Copa del Mundo: ejercicios físicos, bajo las órdenes del profesor Ricardo Echeverría, en los Bosques de Palermo por espacio de 90 minutos, que reemplazaron al partido que tenía proyectado Bilardo. No muchos advirtieron que ese grupo de jóvenes que se ejercitaba en la zona eran los jugadores que en breve partirían para jugar un Mundial.
En cambio, el día anterior sí fueron reconocidos y agasajados. El martes 22 por la mañana, todos los jugadores y el cuerpo técnico —a excepción de Claudio Borghi y Oscar Garré— fueron a la Basílica de Luján y asistieron a una misa. Todos fueron considerados “huéspedes de honor” por el entonces intendente de Luján, Rubén Darío Rampazzi, además de recibir el afecto de la gente reunida en la basílica. Además, cada uno de los integrantes recibió una pequeña réplica de la imagen de la Virgen, que también se le entregó al grupo de futbolistas que estaban en el exterior. Y, por supuesto, el plantel se llevó otra imagen de unos sesenta centímetros, que es la que se vio posteriormente en muchos de los festejos en los vestuarios de los estadios mexicanos, como también en el traslado en micro.
Ese día, por la tarde, hubo un asado en Ezeiza, compartido con los jugadores que integraron el juvenil que disputó el Sudamericano Sub-16 en Argentina y que clasificó al equipo para el primer Mundial juvenil de la categoría, en China. El asado sirvió para celebrar y recordar aquel acontecimiento, ya que el 22 de abril se cumplía justo un año del título.
Después hubo un partido informal que disputaron mezclados los juveniles campeones de 1985 y los futuros campeones. El partido finalizó 2-2 y, por un bando (los blancos), jugaron: Pumpido; Cuciuffo, Fabio Almirón (Juan Cibulsky), Fernando Redondo (Fernando Cáceres) y Gustavo Montero; Giusti, Olarticoechea y Bochini; Néstor Valenzuela, Borghi y Sergio Almirón. Por los azules actuaron: Islas; Clausen, Ruggeri, Brown y Garré; Héctor Enrique, Batista y Tapia; Alejandro Ruidíaz, Diego Álvarez y Mario Rocca. Los goles los anotaron Borghi y Almirón para los blancos, y Álvarez y Batista para los azules.
El jueves 24 de abril, a las 18:15, partió el avión de Iberia que llevaba a quince jugadores, cinco integrantes del cuerpo técnico y tres dirigentes. Primero Madrid, otra escala en Ámsterdam y finalmente Oslo, Noruega, destino del primer amistoso de la gira antes del Mundial. Luego se sumarían los que actuaban en Europa. Ya en el Distrito Federal, se agregaría Zelada. Para no perder la costumbre, la delegación debía llegar el 25 de abril a Oslo, pero perdió la combinación y recién arribó a la capital vikinga el sábado 26 por la mañana.
La preparación de la Selección Argentina para el Mundial de México 1986. Foto: El Gráfico
Ese mismo sábado, a unos 1.500 kilómetros de distancia, explotaba uno de los cuatro reactores de la central nuclear de Chernobyl, ubicada en la ciudad ucraniana de Prípiat. Noruega fue la séptima nación europea más afectada por la contaminación, detrás de Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Suecia, Finlandia y Austria. Hubo miles de muertos y las consecuencias del peor desastre nuclear de la historia aún perduran. Ajenos a aquella tragedia, los jugadores llegaron al hotel, almorzaron, durmieron una corta siesta y salieron a entrenar.
¿A un estadio, a un complejo deportivo? No. Fueron a un parque cercano: el Parque de las Estatuas, un espacio que tiene 192 esculturas del artista Gustav Vigeland, ubicadas en los laterales de todos los accesos. El Yacaré, apodo del profe Echeverría, nunca encontraba obstáculos para hacer ejercitar a los jugadores, aunque fuera un rato. Así que hicieron trotes y ejercicios con pelota. Y al final, un picado informal con Bilardo y el profe de arqueros.
De Palermo a Oslo, con Chernobyl explotando, una nube tóxica radiactiva iniciando su paso mortal y a días de perder 1-0 con una selección que por entonces estaba en un tercer orden europeo —nada que ver con la generación actual liderada por Erling Haaland—. Parece el guion de una película. Pero estos héroes fueron y son de carne y hueso.
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Oscar Barnade
Redactor de la sección Deportes [email protected]
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