Joaquín Estefanía, ex director del diario madrileño El País, compartía este sábado en esas páginas su preocupación por lo que él llama «el declive de la democracia en todo el mundo». Para llegar a semejante diagnóstico se apoyaba en una investigación de opinión pública del Pew Research Center (organización con sede en Washington que se define como Fact Tank o depósito de hechos), y transmitía su inquietud con estadísticas extraídas de ese trabajo: «España se sitúa en primera posición, entre los 24 países analizados, en la percepción de que los representantes políticos no tienen en cuenta a la gente común (85%); asimismo, ocupa la segunda posición en la idea de que ningún partido representa a los ciudadanos (60%), solo por detrás de…»
¿Cuál es el país que supera a España en la percepción crítica de los partidos políticos? Argentina, con el 62% de sus ciudadanos respondiendo que no se sienten representados.
«Este doble dato apuntala un diagnóstico claro: una fuerte desconexión entre ciudadanía y representantes, acompañada de una débil identificación con la oferta política existente», concluye Estefanía.
¿El alerta debería ser compartido por nosotros?
La investigación del Pew Research -citado como el Gold Standard o estándar de oro en este tipo de trabajos- también ilumina que el 83% de los argentinos cree que a los funcionarios les importa poco o nada lo que piensa el ciudadano promedio (el hombre de a pie).
Hay que ser cautelosos, pero el dato parece vincularse directamente con la caída en la participación electoral en las legislativas de 2025, donde en algunas provincias osciló entre el 46 y el 65% del padrón.
En ese ranking de disconformidad democrática, Argentina comparte ubicación con los Estados Unidos, lo cual haría pensar que la frustración es un subproducto de la polarización, y supera a Nigeria, por ejemplo. ¿En qué país los ciudadanos se sienten mejor representados? No es muy difícil de adivinar, orientados por el bienestar de las democracias escandinavas: también en ese casillero Suecia aparece como el modelo inalcanzable.
Otros índices definen los contornos del inquietante tablero. Atención, un 54% de los argentinos indicó estar insatisfecho con la democracia (¡con el sistema, no con el Gobierno!), en una mirada desaprobatoria que seguramente incluye a los tres poderes, también al judicial. Y un último dato clave: la idea de falta de representación es compartida por votantes de derecha, centro e izquierda. Es decir, nadie está conforme.
¿Puede ser cierta esta descripción estadística cuando el día a día político se vive con una intensidad extrema? De nuevo allí la respuesta sería la polarización, como el fenómeno en el que minorías intensas, digamos libertarios y kirchneristas como los ejemplos paradigmáticos, ocupan la escena con polémicas y cruces permanentes que, lejos de mejorar la calidad de la vida democrática, la empeoran, y desaniman a una porción mayoritaria de la población.
Crisis silenciosa que avanza lejos de los títulos de último momento, invita a preguntarse cuáles son las alternativas, si las hay, en términos de candidatos y partidos, cuando los ciudadanos se manifiestan agotados hasta el escepticismo por la coyuntura. Si ensordecidos por los gritos, los insultos y las sospechas cotidianas, estamos perdiendo de vista el peligroso vacío que asoma detrás del ruido.
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