Franco Davin se retiró joven como tenista, a los 27 años, tras haber sido top 30 (en 1990) y ganado tres títulos ATP en singles (St. Vincent 1989, Palermo 1990 y Bucarest 1994). Jugó por última vez en 1997 y, casi de inmediato, empezó a alimentar su prestigioso currículum como entrenador. En 1998 tuvo su primera experiencia, en la Fed Cup. Luego le llegó la capitanía de la Copa Davis, con el ascenso al Grupo Mundial incluido, en 2001. Creció y creció en la función, con capítulos históricos junto a Gastón Gaudio (campeón de Roland Garros 2004) y Juan Martín Del Potro (ganador del US Open 2009). Con mayor o menor suceso, también entrenó a Guillermo Coria, Grigor Dimitrov, Fabio Fognini y Veronika Kudermetova, entre otros.
Hoy tiene 56 años y, a casi tres décadas de su retiro como jugador, asegura que extraña poco de aquella etapa. “La adrenalina la siento junto a los jugadores, todos los días. Y no importa el nivel: cualquier chico al que vea comprometido y con ganas, me gusta”, le dice a LA NACION, durante un breve paso por Buenos Aires, antes de Wimbledon. Radicado en Miami desde 2015, hace más de un año y medio que es parte del equipo del prodigio brasileño João Fonseca, actual 27° del tour y, recientemente, durante dos semanas, el mejor sudamericano del ranking, hasta que Francisco Cerúndolo (21°) volvió a superarlo. El carioca tiene el mismo entrenador desde los doce años, Guilherme Teixeira, quien decidió potenciar el grupo con la experiencia de Davin y de otro argentino, Marcelo Albamonte, también coach y matemático deportivo, asociado a Davin en la plataforma de estadísticas y estudios de tenis Game, Set, Math.
En el último Roland Garros, en el que Fonseca logró su mejor tarea en Grand Slams -llegó a los cuartos de final, dejando en el camino, entre otros, a Novak Djokovic-, se vio una versión más efusiva de Davin en el estadio. El proyecto lo tiene muy entusiasmado, incluso en esta etapa de su vida profesional, con más de 25 años como entrenador.
“Con João disfruto mucho por todo el equipo que tiene y por la estructura, que es algo que hoy miro para agarrar un trabajo. Aparte de que me gusta él, cómo piensa, como persona, su familia y todo su equipo; hoy, armar un buen equipo es difícil. Y es muy difícil competir contra los europeos. No es casualidad que los de Europa tengan a los campeones (de Grand Slam) de los últimos años, salvo Gaudio, Del Potro…”, expresa el pehuajense, que suele conectar distintos temas al charlar. Lo apasiona el juego en sí mismo, lo lúdico, pero también se encumbró en un perspicaz formador de campeones por estar en cada detalle, analizarlo, anticiparse y encontrar el por qué de las situaciones.
“Hoy te llega tanta información por todos lados que a veces se pierde un poco el foco, no sólo de los jugadores, sino de todos. Por eso el objetivo de hoy es que entren en la cancha a hacer lo mejor posible sin pensar que hay un contrato más, en la hinchada, en tu familia o en lo que sea. Si hoy estás cinco puntos, tratar de jugar los cinco. Si estás nueve, jugar los nueve. Es todo un desafío”, relata, inquieto, el único coach argentino con dos trofeos de Grand Slam.

Y profundiza la idea: “Por ejemplo, en el último Roland Garros. João termina haciendo cuartos de final, algo que nunca en su vida había logrado. Antes del torneo firmábamos ganarle a Djokovic, a (Casper) Ruud, a (Dino) Prizmic, que es muy bueno. João venía de un dolor en la muñeca, de una gira de once semanas, algo nuevo para él, ya que nunca había hecho una gira tan larga. Para él fue un gran torneo; para la hinchada brasileña u otras personas no lo sé, posiblemente se ilusionaba con que podía ganar el torneo, que era Guga (Kuerten) y si escuchás todo lo que dicen se te puede ir la cabeza para cualquier lado. Hubo mucha gente que me dijo: ‘Bastante bien, João’. ¡¿Cómo que bastante bien?! ¡Muy bien! Hay comentarios que son difíciles de manejar”.
-¿Cuáles son las preocupaciones de los tenistas actuales en comparación con los de hace diez o quince años?
-La parte psicológica. Y es lo más importante. Hoy, no tener un psicólogo en el equipo es dar ventaja; tiene que estar. Hoy, para entender cómo funciona todo, tenés que tenerlo. Incluso nosotros, los del equipo, que aprendemos un montón de cosas nuevas por las redes sociales, por la exposición y demás. Lo que se vive es totalmente diferente a diez o quince años. Antes, el jugador estaba en la habitación y estabas tranquilo. Ahora está en la habitación, le ves la cara cuando sale y, quizás, es otro, porque lo prendió fuego el celular. Yo les digo que es importante hablar todo lo que les pasa, que no sientan vergüenza en contar. Esa honestidad es la que te hace estar bien y mejorar. Como también es importante saber lo que los rodea. A mis jugadores les digo que lean quiénes son sus sponsors, que vean a qué se dedican, cómo empezaron, para estar en el contexto. O, cuando llegás a las ciudades, informarte sobre ellas. Les pido que si tienen un libro lean cinco hojas por día, que no intenten leer medio libro de una porque no van a tener tanta capacidad de atención. Si los jugadores tienen preocupaciones, me gusta que las cuenten. Hoy los papás están mucho más presentes que antes. Cuando yo jugaba, hablaba con mi papá con una moneda de cinco francos o con una tarjeta que tenía sólo unos minutos; hoy es permanente el contacto. Entonces, no podés decirle a los jugadores: ‘No hables con tu mamá o con tu papá’. Hay que aprender a hacer las cosas. Hoy la mayoría tiene dos entrenadores; es normal y está bien. Acá en Argentina, por ejemplo, hay grandes entrenadores, no sé si para viajar, pero sí de consulta y veo un poco de miedo en los equipos para abrirse para ver qué piensa tal o cual. Hay una ventaja: que ese tipo experimentado está viendo los partidos, entonces puede dar una mirada perfectamente. Los Pancho Mastelli, los Tony Pena, los Tito Vázquez; el que te guste. O de nuestra camada, los (Eduardo) Bengoechea, Luli Mancini, que ahora está haciendo un muy buen trabajo con Navone. Podés estar de acuerdo o no, pero acá siempre se trabajó bien y esas personas son útiles.

-Cuando estás en los torneos, ¿te alimentás de charlas con otros extenistas? Siempre tuviste química con McEnroe, Becker, Wilander.
-Sí, cuando los veo sí. Pero lo que noto en el circuito en general es que los McEnroe, los Wilander, por mencionar a algunos, pasan un poco desapercibidos para los jugadores. Son tipos ideales para hablar, porque lo ven bárbaro. Courier, por ejemplo, es bárbaro cómo analiza el tenis. El mismo Roddick, en su podcast. Por ejemplo, ahora en París, con (John) Isner, fuimos caminando al torneo desde el hotel, justo João lo había mencionado después de ganarle a Djokovic con tres aces en el final. Ellos están en la televisión, hablás de lo que hoy sienten los jugadores. Lo que pasa es que Estados Unidos y Europa tienen una diferencia muy grande con todos los demás. Los estadounidenses no sienten toda la presión porque es un país en el que no te están tan atrás, hay otros deportes más populares, entonces los ves más cómodos. El sudamericano tiene una cabeza aguerrida, muy buena, detrás tiene gente que trabaja bien y está compitiendo contra tipos que te sacan mucha ventaja desde que empezaron a jugar al tenis. ¡Desde que empezaron a jugar! Porque, para los de Europa, ya desde que son chiquitos es muy fácil ir, volver, dormir en la casa, estar con su familia, con los amigos. En Sudamérica se hace todo muy cuesta arriba y, encima, es difícil conseguir apoyo económico. Por eso volvemos a lo mismo: los que ganan los torneos grandes son los europeos. Se juega cada vez más rápido, las condiciones son diferentes a las de Sudamérica. Antes mencioné una gira de once semanas de João; es imposible que un europeo haga eso. El jugador sudamericano siempre quiere volver. El otro día le digo: ‘João, ¿qué es lo que más extrañás?’. Me dice: ‘Mi cama, estar en mi casa’. Y la mayoría te dice lo mismo. Es real. No importa que tengas la chance de estar en un hotel cinco estrellas o en una casa alquilada espectacular. Siempre querés volver a tu casa, a lo tuyo, ir a entrenar a tu club, comer en tu casa con tu papá y tu mamá, estar con tus hermanos…
-Por eso siempre se sentenció que un título de Grand Slam de un sudamericano equivale a un esfuerzo tres o cuatro veces superior al de un europeo o norteamericano.
-Sí, sí, seguro. Acordate Gaudio en Roland Garros o Del Potro en el US Open: fueron esfuerzos grandísimos. João ahora jugó Roland Garros, volvió a Brasil y a los días ya viajó para la gira en césped. Esas pequeñas cosas equivalen a puestos del ranking. El europeo te gana en esa pequeña recuperación, en esa relajación de cabeza. Por ejemplo, perdés en el torneo de Madrid, te vas a tu casa ese mismo día y después te vas al torneo de Roma mucho más fresco. Mientras tanto, el sudamericano anda de un lado al otro, con la misma valija… Por ahí uno que lee esto dice: ‘Mirá qué pelotudez está diciendo este tipo’. Pero cuando empezás a sumar que fuiste a Australia y volviste, que fuiste a la Copa Davis y volviste, fuiste a la gira norteamericana y volviste, a la gira de Europa y volviste. Te juro que te acostás a la noche y decís: ‘¿Dónde estoy?’. El europeo y el estadounidense tiene muchas ventajas en ese aspecto. Ni hablar con lo que es una federación francesa, una estadounidense, una inglesa, la italiana ahora. Los complejos que tienen para entrenar y la infraestructura son increíbles.

-A Del Potro empezaste a entrenarlo a los 19 años, la misma edad que hoy tiene Fonseca. ¿Encontrás similitudes entre ellos, en sus virtudes, pero también en sus incertidumbres?
-Sí, veo similitudes. A Del Potro lo veo… y cada vez más, un jugador como pocos. Cada tanto decís: ‘Uy, si estuviera Juan acá…’. Muchos me dicen que se lo extraña. Y João genera esas ganas de verlo jugar, como pasaba con Juan. Tiene 19 años, casi nada de partidos y muchos triunfos, pero tiene mucho por seguir perfeccionando. Tiene temple y es muy competitivo. Siempre hablamos un poco de todo. Dentro de la media, él habla bastante. Hoy los equipos de los jugadores son muy grandes y eso tiene su riesgo. Les digo a los jugadores que hagan tres listas: una de las personas con las que habla sobre tenis, que no tienen que ser muchas; otra con la familia; y otras con los amigos, para la recreación. Y que no mezclen. Si empezás a hablar de tenis con cualquiera, te entran todos los comentarios y es un lío mental. Y hay que tener cuidado. A los familiares les recomiendo hablar de tenis con los entrenadores, que pregunten todo lo que sea. Porque la opinión de un familiar le entra mucho al jugador. Muchas veces no se dan cuenta lo importante que son para los jugadores. También hay que estar atentos a los procesos. La parte de inserción al profesionalismo es muy difícil, porque los resultados, por lo general, no se dan rápido. Entonces, si se pierde se cambian equipos y estructuras abruptamente, algo no aconsejable. Volviendo a João, me encanta toda la gente que tiene a su alrededor, dónde se entrena en Río, ahí está tranquilo. Se trae su tupper con la comida que le hacen en la casa y comemos ahí en unas sillitas y está feliz con los chicos de la academia. Es cero-estrella; muy simple. Todos son así en su grupo, bajan esa línea los padres y el entrenador. El tenis brasileño está creciendo mucho, están haciendo bien las cosas. Ves la banderita brasileña por todos lados, que antes no aparecía. Tienen chicas, chicos y no es sólo por João, sino que están haciendo bien las cosas desde hace tiempo. A diferencia de la época de Guga, Brasil está aprovechando a Fonseca y están preparados para su despegue.
-¿El drive de Fonseca se parece al que tenía Del Potro?
-Sí. Primero, porque generan una sensación de asombro en la gente que es única. Quizás eso lo tenía Feña González. En eso, João y Del Potro son muy similares: es un impacto que hace un ruido especial. El otro día me decía una jugadora: ‘Lo veo a João y quiero probar su raqueta, porque me da la sensación de que me va a salir así y sé que no’. Con Juan pasaba lo mismo. Era un impacto seco, violento, natural. Y eso el rival también lo siente, porque viene una pelota muy difícil. Ni Federer, ni Djokovic, ni Nadal tenían ese tipo de tiro. El de Alcaraz es rapidísimo, pero tiene más efecto. Al comienzo, Juan abusaba un poco de eso y le pasa lo mismo a João, porque sabe que hace daño, le gusta.
Fonseca y su equipo tras el éxito ante Djokovic en París
Celebrating a special moment! 🫶
João Fonseca is reunited with his team following a sensational five-set victory over Novak Djokovic! pic.twitter.com/Hgr1BmgQoc
— TNT Sports (@tntsports) May 29, 2026
-Con Albamonte, que es parte de tu equipo, estudian los datos y las estrategias. ¿Qué tendencia ven en el circuito actual?
-Hoy todos le pegan muy bien y muy fuerte a la pelota, pero no hay mucho análisis del juego o entendimiento por parte de los jugadores. Los que entienden un poco más de jugadas, hacen la diferencia. Hay muchos a los que no les interesa analizar, porque eso significa más presión, más trabajo. Juegan más a tiros que a jugadas. Pero en los momentos importantes, muchas veces, bajan el nivel porque dependen mucho de la precisión. Pero cuando empiezan a entender más del juego, mejoran.
-¿Por qué hay tanta diferencia entre Sinner-Alcaraz y el resto?
-Porque pegan a una velocidad altísima, sacan bien, volean bien… pero, además, entienden del juego, de jugadas.
-Alexander Zverev ganó el último Roland Garros. ¿Su carrera merecía un título de Grand Slam?
-Sí, claro. Pero hago esta lectura. Si antes de que ganara Roland Garros, ponías quince carreras de jugadores que ganaron Grand Slams y las comparabas con la de Zverev, no sé si te quedabas siempre con las de los ganadores de Slams. Y ahora era difícil la situación que vivió, porque desde que perdieron Sinner y Djokovic muy temprano, él escuchaba todo el tiempo: ‘Tenés que ganar, tenés que ganar, tenés que ganar’. Y lo aguantó. Es un jugador increíble.
-¿La industria del tenis se está adaptando a la ausencia del Big 3?
-Sí. Daba la sensación de que los retiros de Roger (Federer) y Rafa (Nadal) iban a ser un gran golpe. Pero pienso que Federer, Nadal y Djokovic hicieron que el tenis ahora sea un evento mayor, una experiencia. Ves los torneos explotados de gente y les preguntás a muchos y ni saben qué están haciendo ahí. ¡Pero es un mundo de gente! Muchos no van a ver un partido específico. Antes comprabas una entrada para ver a alguien en particular; ahora se pasan el día, se toman un café, se compran una remera, ven el entrenamiento de uno, el show que hacen en el torneo y la pasan bárbaro. Hoy es muy lindo ir a un torneo de tenis y eso, para mí, es gracias a ellos tres. Antes, el ground pass (la entrada que permite ingresar en el complejo deportivo) no valía nada; diez, veinte dólares. El año pasado en el US Open valía un montón. Podés ir y no ver ni un partido y la pasás bárbaro. Es increíble lo que hicieron los Grand Slams en ese aspecto. Y muchos torneos chicos también. No es que vas y te sentás todo el día en un asiento viendo tenis. Eso, para mí, es por ellos tres. Y quedó una estela.

-¿El padel y el pickleball pueden ser amenazas para el tenis?
-Para mí no son competencia. Son juegos. Para mí el padel es un juego. El pickleball para la gente grande es bárbaro, el ruido de la pelota también es un incentivo y la pasan bien. Te pueden sacar gente, pero no son una amenaza. ¿Por qué la gente grande juega dobles? Porque no les da el físico. Entonces, si hacés una cancha de tenis más chica, te atrapa; eso pasa en el pickleball. El padel, para mí, es otra cosa. Yo hago otra pregunta: ¿quién es el Federer, el Musetti o el Nadal del padel? Ninguno, porque hay una sola técnica. En el tenis cada uno tiene su estilo, por eso hay hinchas de Federer, de Nadal, de Djokovic, del que sea… Que nadie se enoje, pero en el padel no sé si hay uno que juegue con revés a una mano, otro con la muñeca suelta, otro con otra técnica, no sé. El error de foco del padel es querer competir contra el tenis; que no compitan contra nadie, que lo están haciendo muy bien así. Dicen: ‘Llevamos más gente. El prize money del tenis…’. El tenis genera algo distinto, por suerte. El Big 3, más Serena, Sharapova… todos esos generaron una explosión muy grande. Ahora que arranca Wimbledon: estar ahí es vivir una experiencia increíble.
-¿Djokovic es, definitivamente, el más grande de la historia?
–Es como decir Messi o Maradona. Son debates. Son genios los dos. Técnicamente, Federer me encantaba. Pero Djokovic, lo que ha demostrado, es increíble. Y me gustó mucho el Nole que ya no tenía el mejor tenis. Por ejemplo, el que le ganó a Alcaraz la final de los Juegos Olímpicos de París (2024); fue una locura. Ya no era el mismo, pero hizo un esfuerzo mental de locos. Después, el partido en las semifinales de Australia (2025) que le gana a Alcaraz, lo mismo. Eso de Djokovic es una locura, porque estando en su mejor momento, les pintaba la cara a todos, como Federer. Pero el otro Nole, con más limitaciones, es aún más destacable. Hoy tiene mucho más reconocimiento que antes y se lo merece. Le costó lograrlo. Tiene mucho reconocimiento de los pares, de los más jóvenes. Uno a veces les dice a los jugadores que vayan a ver a estos grandes, que se fijen en lo que hacen antes de los partidos, en los entrenamientos, en la recuperación. Yo le decía mucho a Juan que se fijara en Roger.
-¿Qué radiografía hacés de los tenistas argentinos?
-Me gustan los chicos que están. Son todos muy buenos chicos, los veo bien. Por ahí no hay un Del Potro o esos jugadores de súper elite que Argentina siempre tuvo, pero hay buen material. Me preocupa más el tenis juvenil. Por ejemplo, yo hablo con Carlitos González, mi profe de Pehuajó, y cuesta mucho, se ha caído mucho el tenis del interior. Obviamente, el magnetismo por Messi y el fútbol te sacan chicos. Pero el costo para jugar es alto, todos se quejan. Mismo los entrenadores, para alquilar las canchas: es caro. Para los padres es caro. Hoy el tenis se hizo un deporte caro. Entonces, no es tan fácil armar a un jugador.
-Además, en la Argentina hay limitaciones de infraestructura. Mientras el circuito se juega mayormente en superficie dura, acá los jugadores sólo se forman en canchas de polvo de ladrillo.
-Sí, pero sí o sí hay que cambiar la manera de competir en la cancha que sea. En Argentina las canchas de polvo son lentas, mientras que hoy, en el circuito, las de polvo son más rápidas. La formación de los chiquitos está buenísima que sea en tierra, porque ahí se trabaja bien la técnica, pero después, enseguida, hay que tener competencia en la cancha rápida. Hoy hay una salida en el tenis universitario en Estados Unidos, porque en tres meses jugás 30-40 partidos en cancha rápida. En Roland Garros un chico argentino que está de entrenador me decía que, si él pudiera volver el tiempo atrás, le gustaría aprender más en cancha rápida. Y hoy, un chico de 17, 18, 19 años todavía es chico y el college es una buena experiencia y te fogueas. Porque acá, lamentablemente, no está la estructura. Ahí ya damos una ventaja grande. Hay que incorporar la cancha dura sí o sí. En el circuito de hoy los torneos importantes sobre polvo son cuatro: Roland Garros, Roma, Madrid y Montecarlo.
-Hay fuertes versiones de que la gira sudamericana ATP podría pasar a superficie dura en los próximos años.
-Es lo que se habla. No me llamaría la atención porque los jugadores, ya en el polvo de ladrillo, no juegan tanto. Vas a Australia para luego bajar al polvo, para después ir al cemento a torneos importantes, entonces no le vas a dar prioridad a la tierra. Por eso ya no hay que hacer jugadores dependientes del polvo de ladrillo. Los nuestros siempre van a ser buenos ahí, es natural, pero tienen que mejorar en cancha dura, porque en los torneos grandes será difícil pasar partidos. Hoy, Francisco Cerúndolo es el que más partidos gana. Pero lleva tiempo. Y fijate que tampoco hemos tenido grandes actuaciones en Roland Garros en los últimos tiempos. Entonces, no es que la gira de tierra te asegura un batacazo.
-¿Que hay que hacer en Argentina para que surja un nuevo Del Potro?
-Nooo… es muy difícil. Un nuevo Del Potro, Gaudio, Nalbandian, Puerta, Coria… Olvidate. Por lo pronto, tenés que tener muchos chicos jugando, para que haya más posibilidades. Eso es lo que está pasando en Brasil. No es que hay una academia: hay muchas. Y acá, antes, era lo mismo. Todos los pueblos estaban explotados de chicos jugando al tenis y ya veías que algo podía surgir. Mi profe de Pehuajó me cuenta que a veces que no llega a armar un torneo por la poca cantidad de chicos. Y después está el costo alto. Hoy, un padre, para dejar de trabajar y llevar a jugar y viajar a su chico, ¿cuánto tiene que gastar? Hay un papá, no importa quién, que hace poco me dijo que sacó la cuenta y gastaba el valor de un auto por año. ¿Qué familia puede gastar un auto por año sólo en el tenis del chico? Ahí es donde está la traba. Porque, acá, la materia prima recontra está. Hay que estudiar el tema y hacer algo.




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