“Cualquier otro se habría retirado tras ganar en 2022. Pero él es un animal competitivo”, lo definió su hermano futbolístico Xavi Hernández, excompañero del Barcelona. Lionel Messi es un distinto. No quedan dudas. ¿Su extraordinaria habilidad futbolística está escrita en su ADN o es fruto de años de esfuerzo, disciplina y entrenamiento? ¿Cómo puede ser que su rendimiento no haya disminuido en una edad en la que un futbolista promedio ya está retirado? ¿Qué lo mueve a ir por más? ¿Qué pasa por su cabeza?
Estas son algunas de las preguntas que interpelan a los fanáticos que siguen cada una de sus jugadas y que psicólogos, médicos y entrenadores ayudan a responder para explicar el “fenómeno Messi”.
La primera respuesta es que Lionel Messi no es el resultado de un suceso aislado, sino de una conjunción de factores donde cada pieza fue determinante: de haber faltado una sola, la historia podría haber sido otra.
“Camina como un tigre: observa, se le erizan los pelos y ataca. Desde el punto de vista psicofísico, me animaría a decir que está en uno de los mejores momentos de su carrera. Está más vital que nunca”, declara a LA NACION Fernando Signorini, expreparador físico de la selección argentina en México 86, Italia 90, Estados Unidos 94 y Sudáfrica 2010.
Signorini es de los pocos profesionales que trabajó mano a mano con Diego Maradona y con Messi. Ellos, afirma, fueron dotados de un talento natural inexplicable. Recuerda que cuando Maradona dirigía el seleccionado, le comentaba al cuerpo técnico: “No se puede creer las cosas que hace este enano”. Según reconoce, él veía en Messi un sucesor y un líder.

“Tiene aptitudes que son innatas a los grandes jugadores: domina perfectamente el movimiento de su cuerpo, cuenta con visión periférica, puede detectar momentos claves en partidos y partir desde cualquier posición. Es eficaz energéticamente para no cansarse por demás”, enumera.
Capitán consagrado del seleccionado argentino de fútbol, arrancó el año con altibajos, sobrecargas musculares, fatiga y una lesión en el momento menos indicado, unos días antes del Mundial. Venía de consagrarse campeón de la MLS Cup y con el sueño inquebrantable de jugar el Mundial. Figura indiscutida de Qatar en 2022, buscó redoblar la apuesta y se regaló otra oportunidad.
Resiliente desde pequeño, el especialista hace una distinción: hay atletas y hay artistas del fútbol. “Él es un artista”, define Signorini. Si bien cree que su talento es innato, el haber sido tan pequeño de estatura, especialmente durante el periodo de crecimiento, lo dotó de beneficios.
Se refiere a la inteligencia emocional del ídolo: lo que podía leerse como una debilidad no lo doblegó y aprovechó su contextura física pequeña para dominar el cuerpo y desarrollar una mayor agilidad para escaparse de sus contrincantes. “Si hubiera tenido un cuerpo más robusto, quizá se hubiera acostumbrado a chocar a otros jugadores y a no esquivarlos”, ejemplifica Signorini.
El peso de los genes
A día de hoy, existen pruebas e investigaciones que sugieren que la genética puede influir en la capacidad deportiva. Estudios citados en Elsevier Science, Sports, Exercise, and Nutritional Genomics, Sports Medicine – Open y Journal of Applied Physiology −publicaciones científicas de prestigio− ratifican que ciertos rasgos físicos, como el tipo de fibra muscular, el tamaño del músculo, el metabolismo muscular, la capacidad de recuperación y la composición corporal, pueden estar influidos por los genes. “Hay personas que nacen con características físicas o metabólicas que facilitan su desempeño en aptitudes físicas. Los genes pueden incluso influir en cómo responde el cuerpo al ejercicio aeróbico y anaeróbico, así como en su capacidad de adaptación a cargas de entrenamiento repetidas”, destaca Eliana Carla Filosa, médica del Servicio de Cardiología y Deporte del Hospital Universitario Austral.
Menciona algunos marcadores que la ciencia ha observado que aparecen con mayor frecuencia en atletas de elite: la proteína alfa-actinina-3 (ACTN3), que es crucial para la fuerza y potencia muscular; el gen ACE, que se asocia a una mayor resistencia aeróbica gracias a su incidencia en la presión arterial y en el volumen sanguíneo, y el gen IL6, que puede acelerar el tiempo de recuperación tras períodos intensos de ejercicio.
¿Entonces Messi es el resultado de una lotería genética? “No. La genética predispone, pero no predestina. El éxito deportivo es multifactorial: comprende el entorno, el acceso a entrenadores, la calidad del descanso, la nutrición, la salud mental y la motivación personal que terminan siendo tan importantes como la propia herencia genética”, aclara la especialista.
La teoría del compromiso deportivo desarrollada por Tara K. Scanlan y Paul J. Carpenter hace referencia al grado en que un individuo está psicológica, emocional y conductualmente involucrado en el deporte. Este compromiso, creen los autores, se manifiesta como un deseo persistente de participar en la actividad física y una disposición a invertir tiempo y esfuerzo en ella. Un lema que Messi sigue y siguió al pie de la letra: fue él mismo quien admitió en reiteradas entrevistas que, aunque considera su talento un don de Dios, trabajó durante décadas con esfuerzo y disciplina para llevarlo a su máxima expresión.
Un ejemplo reciente de esto se ve plasmado en las declaraciones que dio Rodrigo De Paul –compañero de La Pulga en la selección argentina y en el Inter Miami–: “Durante los últimos dos o tres meses con Leo seguimos un plan de entrenamiento diario adicional al que hacemos con el club”. Y continuó: “Nos exigimos al máximo para llegar [al Mundial] en la mejor forma física posible. Hacemos sesiones dobles con nuestro preparador”.
Esta sobreexigencia también tiene una explicación psicológica. Guillem Balagué, periodista español y biógrafo de Messi, rescató el testimonio de Inma Puig, psicóloga deportiva del Barcelona, que aseguró en varias ocasiones que uno de los aspectos que caracterizan a futbolistas como el capitán de la selección, es que siguen jugando como si estuviesen en el barrio. “No se cansa porque hay un deseo de perpetuarse. Pero no lo hace para las grandes masas, lo hace para sí mismo y para la gente que le importa”, resaltó.
Un caso de estudio
Mac Novicoff, escritor e historiador de la Universidad de Dartmouth, Estados Unidos, es uno de los académicos que más ha investigado al argentino. Asegura que las inyecciones autoadministradas que se aplicaba para combatir la deficiencia de la hormona del crecimiento (DHC) desde chico fomentaron su autosuficiencia y pudieron contribuir al desarrollo de su humildad.
Pero los temas de salud no fueron los únicos que pusieron a prueba a La Pulga. Durante su adolescencia, ya instalado en Barcelona con su familia como sostén emocional, tuvo que quedarse solo con su padre en España. Su mamá, Celia, regresó con el resto de sus hermanos a la Argentina porque a los chicos les costaba adaptarse al nuevo entorno.
“Esta distancia probablemente le inculcó independencia y habilidad para lidiar con las discontinuidades”, considera Novicoff.
Su camino no fue fácil: desarraigo, una vida alejada de sus hermanos y de su madre en un momento de la vida en el que se termina de forjar la identidad. “Pudo sortear las adversidades gracias a la calidad de sus vínculos tempranos. Cuando un niño ha construido un apego seguro en su infancia, suele desarrollar una confianza básica que le permite explorar nuevos entornos sin perder la sensación de sentirse sostenido”, plantea Sebastián Blasco, autor de los libros Detrás del deportista: la realización personal como victoria y El camino del deportista: un viaje hacia el ser.
En concreto, habla de características psicológicas que suelen identificar a perfiles triunfadores, como un diálogo interno positivo, fortaleza mental y capacidad de sobreponerse a los errores. Esto último, explica Blasco, se manifestó en el reciente partido contra Austria en el que el delantero erró un penal. “Luego tiene dos o tres jugadas erráticas y vemos cómo rápidamente se repone y marca un gol y después otro para darle el triunfo a la Argentina”, destaca.
La psiquis y el entorno
La terapia es otro bastón de su fortaleza emocional. El propio Messi habló de la importancia que empezó a darle a su psiquis en la última década y reconoció que con terapia logró cambios con una tendencia a cargarse los problemas solo. En este camino, volvió a resaltar el sostén emocional de su entorno más cercano. Su esposa, Antonela Roccuzzo, es un pilar indispensable.
Pero yendo hacia atrás en su historia, hay una figura familiar que sobresale: su abuela Celia Olivera de Cuccittini, quien en sus primeros años de vida se peleaba con los entrenadores del club Abanderado Grandoli para que lo hicieran jugar con los de categorías mayores. Es a ella a quien le dedica históricamente sus victorias cuando levanta los brazos y apunta con los dedos índices al cielo. Falleció cuando Messi tenía 11 años y fue uno de los grandes golpes que afrontó. Dos años más tarde, desembarcaba en Barcelona para cumplir el sueño de su vida y con muchos desafíos por delante.
“Lo vincular en Messi funciona como un antídoto, un factor protector para preservarse”, analiza Blasco. “Me animaría a decir que lo familiar y vincular son la base del rendimiento que vemos en Messi”, remata.
De hecho, Messi, luego del partido contra Argelia, declaró: “Tengo ganas de llegar al hotel y hablar con mi familia. Pasé unos días difíciles, complicados”.


Un liderazgo auténtico
Con su forma de ser, ayuda a derribar un mito extendido en el deporte: que para liderar hay que ser extrovertido y tener una presencia permanente. Al verlo, es fácil darse cuenta de que se trata de una persona introvertida, que no le gusta captar la atención. “Uno de sus grandes legados es su liderazgo auténtico. Un modelo emergente en el mundo del deporte”, reflexiona Blasco quien reconoce que durante mucho tiempo se le pidió que fuera otro líder, que hablara más, que mostrara otro tipo de personalidad. Sin embargo, Messi demostró lo contrario y llegó a la cima sin renunciar a ser quien es.
Nadie discute el liderazgo silencioso de Messi, construido dentro del campo de juego y con peso en el equipo, sus compañeros y los rivales.
Un ejemplo basado en el rendimiento y en la resiliencia y no en la exposición mediática. Cómo olvidar cuando anunció su alejamiento de la selección tras la derrota en la final de la Copa América de 2016. Luego volvió y, con los años, forjó un liderazgo central para la selección, lejos de los carteles y los flashes. En otras palabras, ganó respeto y autoridad a partir del ejemplo, la humildad y la búsqueda constante de sacar lo mejor de él y de cada uno de sus compañeros.
Lo espiritual juega un rol importante. “¿Es Messi creyente?”. Tal vez la respuesta se encuentre en una de sus reflexiones en el American Business Forum, evento que se realizó en noviembre del año pasado, donde reconoció que Dios le regaló un don.
“En el camino hice mucho sacrificio y esfuerzo para fortalecer ese don. (…) Siempre tuve una meta e hice todo lo posible para poder conseguirla, pero Dios me dio lo principal”, aseguró.
La espiritualidad, profundiza Blasco, ofrece en este caso una especie de anclaje, una perspectiva más amplia para recordar que la esencia de uno es mucho más grande que un resultado deportivo.
Sensible, constante, resiliente y ejemplo, Messi no parece humano. Su destreza y personalidad trascienden los resultados de un campeonato de fútbol e inspiran a grandes y chicos de una punta a otra del globo. El talento y la disciplina de campeón, en Messi, son inseparables.





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