Dorys Mendoza llegó a Posadas hace nueve años con la esperanza de construir un nuevo futuro. Como miles de venezolanos que emigraron en los últimos años, encontró en Argentina un lugar donde empezar de nuevo. Sin embargo, asegura que la distancia nunca logró romper el lazo con su tierra natal ni con la familia y los amigos que permanecen allí.
«Estoy muy agradecida con el pueblo argentino y, sobre todo, con el pueblo posadeño porque nos abrió las puertas, nos abrió su corazón y nos abrigó», expresó en diálogo con El Territorio al recordar el recibimiento que encontró al instalarse en Misiones.
Los recientes terremotos que afectaron a Venezuela despertaron nuevamente la preocupación entre quienes viven lejos de su país. Aunque sus familiares directos no resultaron afectados, Mendoza relató que muchos amigos y allegados atravesaron momentos de terror durante los dos fuertes movimientos sísmicos.
«Fue un drama que ya no es solamente de nuestro país, sino que conmovió al mundo entero», sostuvo. También contó que personas mayores aseguraron no recordar un terremoto de semejante magnitud y que la simultaneidad de ambos sismos aumentó la incertidumbre entre la población.
A la distancia, cada noticia fue seguida con angustia. «Estamos viviendo momentos muy dolorosos y muy tristes», afirmó, aunque remarcó que la solidaridad internacional y la ayuda humanitaria representan un alivio para quienes aún enfrentan las consecuencias del desastre.
La fe como refugio
En medio de la incertidumbre, Mendoza explica que la fe continúa siendo uno de los pilares de la comunidad venezolana, tanto dentro como fuera de su país. «Somos un pueblo muy creyente, muy mariano. Siempre ponemos a Dios por delante en cualquier circunstancia», señaló.
Esa devoción tiene como máxima referencia a la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela. Según la tradición católica, su origen se remonta a una aparición mariana a un indígena, cuya imagen quedó plasmada en la túnica que llevaba consigo. Desde entonces, la Virgen representa un símbolo de protección, esperanza e identidad para millones de venezolanos.
Para Mendoza, esa fe también ayuda a sobrellevar la distancia. Aunque hoy su vida transcurre en Posadas, reconoce que cada acontecimiento importante que ocurre en Venezuela sigue sintiéndose muy cerca. «De esto también vamos a salir, con la ayuda de Dios, del pueblo y de todas las personas que nos han brindado su apoyo», concluyó.





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