Si todos fuesen iguales, hablaríamos de robots y no de seres humanos en el mundo. Es que cada persona es un única, por lo que las diferencias son naturales. Están los que su relax son las charlas tranquilas con amigos o familiares, sin que esta lleve a ningún lado. En contrapartida, aquellos que odian las conversaciones triviales. La psicología explica por qué ocurre tal cosa y qué significa.
Los psicólogos explican que muchas personas sienten la necesidad de reflexionar profundamente sobre las cosas. La llamada “necesidad de cognición” es un rasgo de la personalidad que no dice nada sobre qué tan inteligente es alguien, sino cuánto le gusta pensar y el apetito que tiene por disfrutar actividades mentales de esfuerzo.
Muchas personas sienten la necesidad de reflexionar profundamente sobre las cosas. Foto: Shutterstock.
Se sienten atraídas por la complejidad. No son torpes. Un ejemplo que quizás es común de experimentar con este tipo de personas es mencionar el clima, y ellos devuelven patrones de lluvias desde hace años, o mencionas el fin de semana y te preguntan qué estás leyendo.
Hablar de cosas sencillas es para ellos como tener un segundo empleo. En este sentido, el portal digital Bolde reflexionó acerca de ocho rasgos que explican, por ejemplo, por qué hablar del tiempo les resulta un trabajo.
1. Necesitan que su cerebro funcione para permanecer allí
Citan el ejemplo de, en una oficina, alguien está en la conversación… pero en realidad no lo está. Mira hacia la ventana con la mirada perdida porque esa charla no le dio nada a lo que aferrarse.
No es mala educación, sino que fue la necesidad de cognición antes mencionada por la que su cerebro lo hizo inclinarse hacia algún pensamiento que requiere esfuerzo. Sin nada en qué pensar, se distraen.
2. Tienen más de una idea a la vez
El artículo cita al investigador Scott Barry Kaufman para introducir la idea de la complejidad cognitiva. Indica que algunas personas se sienten atraídas por las ideas, otras por la belleza, y otra por ambas.
Cuando algo les llega, todo se activa a la vez y no pueden evitar pensar en muchas cosas: la conversación trivial les pide que la concentren en un solo tema.
3. Piensan primero y hablan después
Alguien dice algo y ellos se enredan en pensamientos que, para cuando está listo para hablar, ya todos pasaron de tema. No es torpeza ni lentitud, simplemente que una charla trivial recompensa las respuestas rápidas. Quien piensa las respuestas cuando debería ser algo fluido, no sigue ese ritmo.
4. Captan lo que subyace en la conversación
Este tipo de personas no solo procesan las palabras del otro cuando se las dicen, sino que prestan especial énfasis en los cambios de tono, las pausas, la risa que aparece pero también la expresión de después.
Para muchas personas, una conversación trivial los lleva a “alejarse” mentalmente. Foto: Shutterstock
En las conversaciones triviales no hay nada qué captar detrás de las expresiones.
5. Se absorben o se desconectan
No tienen punto medio en este sentido. El texto nombra al investigador Michael Kardas, de la Universidad Northwestern, quien asegura que la gente suele esperar que las conversaciones profundas con desconocidos salgan peor de lo que realmente suceden. La charla trivial da por sentado que todos lo tienen.
6. Se miran a sí mismos mientras hablan
Ellos no confesarían que una conversación trivial les parece aburrida, sino que dirán que es “ruidosa”. No la otra persona, sino el ruido dentro de su propia cabeza. Reflexionar sobre el propio pensamiento mientras aún se está desarrollando.
7. Se dan cuenta de la repetición antes que nadie
Las interacciones diarias pueden ser repetitivas y cuanto más conversaciones triviales hay en ellas, más mal les hace. En las personas con una baja capacidad de habituación neuronal, la mente marca los estímulos repetidos como redundantes más rápido que el promedio.
8. Absorben más de lo que el momento les ofrece
Cuando la conversación es “liviana”, no recompensa con profundidad al igual que un intercambio que sí estimula la información sensorial.
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