“¿La mano? Está muy bien, está bastante bien. Por lo menos la agarro. Todavía no pude volar, pero…”. Emiliano Martínez no completa la oración pero la conclusión quizás es spoileable: es preferible no tener que hacerlo. Ni Argelia, con apenas un remate muy esquinado, ni Austria han exigido hasta acá al marplatense, cuyo anular derecho ha evolucionado de la fractura sufrida en la final de la Europa League. “Está perfecto”, le responde a Olé sobre su dedo mientras mueve las falanges, repitiendo alguno de los ejercicios de fisioterapia que realizó junto a Pablo Capuchetti.
Dibu disfruta. De las dos victorias consecutivas. Del espíritu de un equipo que contagia. “Somos locales en todos lados, como la canción”, sonríe. “Lo de la gente no nos sorprende”, agrega emocionado, todavía, por el triunfo y por ese estadio que magnificó hasta superar los 100 decibeles el grito sagrado.
“Nosotros lo mínimo que podemos hacer es responder adentro de la cancha. Lo estamos haciendo de manera fantástica, compitiendo y es lo que nos pide la gente”, les dio feedback a esos fanáticos que lo ovacionaron apenas pisó el campo de juego del AT&T Stadium, ese OVNI que recorta el horizonte de Arlington.
Dibu, sonriendo en la práctica (Juano Tesone/Enviado especial).
Un plato volador gigantesco en el que Lionel Andrés Messi hizo magia, otra vez. “Leo estaba bien, bien. Metió dos goles y ganamos, así que todo bien”, devuelve la pared el arquero de 33 años. El que rechazó un tiro libre de Marcel Sabitzer, la más clara de Austria independientemente de achiques y controles en el área de bajo o nulo riesgo, pero que le permitieron ir ganando ritmo, confianza después de la rehabilitación.
Recuperado, tonificado, Martínez ha extendido su marca. Esa valla invicta #43 en 61 partidos y quedó a apenas cuatro de Sergio Romero. Un récord que Emiliano se ha empecinado en alcanzar para seguir batiendo marcas, como Leo. Aunque en Arlington, no quiso llevarse el mérito.
“Me patearon solo una vez al arco y tuve un poquito más de trabajo en el juego aéreo. Trato de ayudar lo más posible con los pies, con lo que me toque, pero la verdad, teniendo la defensa y los atacantes que tengo, la verdad me hacen el trabajo muy fácil”, ponderó Martínez lo colectivo. “Son cracks, son cracks: defienden a morir: sólo me tocaron una pelota o dos por partido: la que me toque yo la tengo que responder”.
Y sí. Es cierto. Entre Cuti Romero, Nicolás Otamendi y Lisandro Martínez -además del trabajo de un Facundo Medina en alta intensidad- consiguieron blindar el área. Aunque para Dibu cuenta. Es otra más en su listado de arcos en cero. Argumentos de por qué es un superhéroe para los más grandes pero especialmente para los más chicos, que después de la de Messi eligen tener su buzo.
Dibu en su puesta a punto (Juano Tesone).
Con Jordania por delante, ante la chance de que haya rotación, Martínez explicó que “es algo que tiene que analizar el cuerpo técnico”, que “es bueno para probar jugadores” el tercer encuentro, recalcando en que “hay que pensar en todo” aunque sin dejar de destacar el valor de tener ritmo.
Su caso quizás sea especial: dependerá de Scaloni si elige darle más minutos para seguir ganando confianza en la mano, o bien, si Gerónimo Rulli o Juan Musso tienen su estreno Mundial.
Para Dibu, por lo pronto, la mente la tiene en el objetivo. En las ganas de ganar la Cuarta como lo dijo en Mar del Plata días después de haber ganado el título en Qatar. Un sueño que no abandonará.
DALLAS (ENVIADO ESPECIAL).
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