El precio de la carne vacuna frenó su escalada durante abril y mostró estabilidad después de varios meses de aumentos consecutivos. De acuerdo con informes del sector cárnico, algunos cortes incluso registraron leves bajas en carnicerías y supermercados, en medio de una desaceleración del consumo.
El dato abrió un fuerte debate económico y social: mientras los valores dejaron de subir, comerciantes y analistas sostienen que esto no responde a una mejora en los precios, sino a una caída en la capacidad de compra de las familias. En los últimos meses, muchos consumidores comenzaron a reemplazar la carne vacuna por pollo o cerdo, o directamente redujeron las cantidades que compran.
Desde el sector explican que la baja en el precio de la hacienda también influyó en la estabilidad de abril. Sin embargo, remarcan que la carne continúa acumulando incrementos interanuales muy elevados, superiores al 60%, por lo que sigue siendo uno de los alimentos más afectados por la inflación.
La situación impacta de lleno en el consumo cotidiano y en una de las costumbres más tradicionales de los argentinos. Aunque el precio dejó de subir momentáneamente, en muchas familias el asado quedó relegado por los altos costos y el ajuste del bolsillo.





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