Un gobierno no se debilita únicamente por los grandes escándalos, sino por la suma de pequeñas incoherencias que, con el tiempo, erosionan la confianza.
La sociedad argentina, cansada de promesas vacías, eligió a Javier Milei con la esperanza de un cambio profundo, basado en valores claros: transparencia, coherencia y un quiebre real con las prácticas del pasado. Hoy, frente a situaciones que generan dudas, no alcanza con sostener la legalidad como único argumento.
La confianza pública no se construye solo en los tribunales, sino en la percepción cotidiana de ejemplaridad. Defender sin matices, aunque sea justo en lo formal, puede resultar insuficiente en lo simbólico, allí donde la credibilidad encuentra su verdadero sustento. El desafío no es solo gobernar, sino hacerlo sin perder la esencia que dio origen al mandato popular.
No se trata de ceder ante presiones ni de emitir juicios apresurados, sino de encontrar un equilibrio que reafirme el compromiso con la verdad y la responsabilidad institucional. Corregir a tiempo no es una debilidad, sino una muestra de liderazgo. Porque cuando la coherencia se sostiene, el rumbo se fortalece. Y aún hay tiempo para que ese cambio, que tantos argentinos acompañaron con esperanza, no se diluya en la confusión, sino que se consolide con hechos que lo honren.
Eduardo D. Olivera [email protected]
OTRAS CARTAS
“El riesgo de volver al pasado en las elecciones”
“Quien no recuerda su pasado está condenado a repetirlo” (George Santayana). A un año de las elecciones, vemos con asombro que el Presidente, a quien no pueden negársele logros, alimenta a diario con sus dislates a una oposición que tiene como único objetivo destruirlo. Además se puede lee que Villarruel “no descarta su postulación”, al igual que Macri. En resumen, no existe una fuerza alternativa que no sea el mileísmo. Pero al paso que vamos llegarán a las elecciones atomizados y debilitando su fuerza electoral. Mientras, el pero/kirchnerismo, al tiempo que destruye, finge disputas que, como siempre, se evaporaran un día antes de las elecciones, yendo todos juntos aun odiándose, y sumiéndonos una vez más en el peligro de llegar al poder y devolvernos al abismo. ¿No aprenderemos nunca? ¿Podrán nuestros políticos alguna vez postergar sus aspiraciones personales frente a los inmensos riesgos que el país enfrenta? Triste… pero parece que no.
Carlos Sala Spinelli [email protected]
“Mensaje al mundo de un argentino común”
Les habla un argentino de La Pampa. Nací en la pobreza. Levanté casas y sostuve vidas como enfermero. Tengo 8 hermanos de distintos padres y viajamos juntos. Sé lo que es la hermandad. Malvinas es una herida abierta para los argentinos. Duele cada día. Pero hay algo peor: lo que esa herida nos hace. Los kelpers viven confundidos, aislados, sin crecer. Mientras tanto, acá en mi Argentina, hay decenas de colonias británicas que llegaron hace 150 años. Son argentinos y son respetados. ¿Por qué ese enclave nos desune? Sueño que los representantes de Argentina y Reino Unido se sienten a dialogar. De verdad. Sin soberbia. A buscar una solución pacífica. Ese día sería un ejemplo de progreso para la humanidad. Tener una posición en las islas como colonia, sin reconocimiento internacional, no le sirve a nadie. Pero si llegamos a una solución pacífica, ganamos todos: en producción, educación, población. Los intereses del Reino Unido estarían protegidos, incluso mejores. Los de Argentina, también. No quiero guerra. No quiero odio. Quiero sanar. Quiero que mis hijos vean Malvinas argentinas. Y que los hijos de un inglés puedan venir a vivir y progresar acá. En hermandad. Desde el sur del Sur, con el corazón en la mano y Malvinas en el alma: somos hermanos. El día que lo entendamos, el mundo se cura.
Carlos Roberto Vara [email protected]
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