En tiempos donde se habla mucho de lactancia materna, María Soledad Gallo, enfermera neonatal, puso el foco en un aspecto menos conocido pero profundamente humano: la donación de leche materna. En una charla cálida y necesaria, explicó que este gesto solidario puede convertirse en un recurso vital para bebés prematuros, recién nacidos internados o niños que atraviesan situaciones complejas de salud.
El programa es conducido por Sabrina Spinelli, quien cuenta con la colaboración en la conducción de Martín Souza, en un espacio dedicado a la difusión de temas de salud, prevención y concientización en la comunidad.
La especialista remarcó que donar leche humana no es simplemente “sacarse un poquito de leche”: requiere cuidado, higiene, compromiso y acompañamiento. Las mamás que pueden donar son aquellas que están sanas, tienen bebés menores de un año y cuentan con producción suficiente. Para ingresar al sistema, deben realizarse controles básicos y recibir orientación sobre la extracción y conservación segura.

Gallo explicó que el Hospital Materno Neonatal cuenta con un circuito organizado para recibir esa leche, procesarla y distribuirla a los bebés que más la necesitan. Allí se realiza la pasteurización y conservación adecuada, garantizando que llegue en condiciones óptimas. También existen centros de recolección en CAPS y hospitales, para facilitar el acceso a quienes no viven cerca del Materno.

Uno de los puntos más importantes de la charla fue derribar un mito frecuente: donar no significa quitarle alimento al propio hijo. Al contrario, según explicó la enfermera, “a mayor estímulo, mayor producción”. La lactancia funciona como un circuito continuo entre extracción, estímulo y producción, impulsado por la succión, la prolactina y la oxitocina.

La leche donada beneficia especialmente a bebés prematuros extremos, recién nacidos con problemas intestinales, respiratorios, cardiopatías o que atraviesan un posoperatorio. En neonatología, incluso unas pocas gotas pueden marcar la diferencia. Para un bebé internado, 50 o 100 mililitros pueden representar muchísimo.

Pero la dimensión de este acto va más allá de lo médico. También lleva alivio a las familias que atraviesan la angustia de tener un hijo internado. Saber que existe un banco de leche humana disponible puede significar esperanza, contención y una oportunidad concreta de recuperación.

“Es un ratito, es un poquito, pero ayuda a un montón de bebés”, resumió Gallo. Y en esa frase quedó el mensaje central: donar leche materna es un acto de amor, de solidaridad y de conciencia comunitaria. Un gesto silencioso que, para muchos recién nacidos, puede ser decisivo.





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